jueves, 19 de septiembre de 2013

LA TEORÍA DEL EXPLORADOR COMPLETA


LA TEORÍA DEL EXPLORADOR Capítulo 1 

Esta historia empieza con la clásica escena de una tormenta en altamar, y un barco que naufraga y botes que no alcanzan para todos. 

"¡Mujeres y niños primero! ¡Mujeres y niños primero!"

Mujeres y niños ven al resto perecer entre las olas, y a los pocos días les toca la misma suerte. A la deriva en medio del océano, la vida en los botes se va apagando.

Excepto en uno de ellos, que es impulsado por una corriente hasta una isla desierta. Cuando el bote encalla en la arena, algunos bebes lactantes todavía se mueven. Son los únicos sobrevivientes a los días de sed y sol y sal. Las madres que los amamantaron, al igual que los niños más grandes, yacen inertes sobre el piso de madera. No resistieron a la falta de bebida y alimento.

Gateando, casi jugando, los pequeños bajan del bote y se internan en la isla. Esa noche, la marea crece y arrastra la embarcación mar adentro, sin dejar rastro.

Milagrosamente, el instinto de llevarse cosas a la boca les permite a los niños continuar con vida. Comen tierra, que es hierro; ingieren pasto, hojas, plantas; escarban y devoran insectos, alguna raíz. Al cabo de unos años se desenvuelven en la isla como su hábitat natural. Crecen y construyen refugios. Inventan un lenguaje para comunicarse. Se reproducen.

A las nuevas generaciones se les ocurren nuevos inventos. La comunidad se expande y progresa.

Con el tiempo, algunos empiezan a cuestionarse cómo fue que llegaron allí, qué hacen en esa porción de tierra rodeada de agua salada. Se preguntan qué habrá más allá. Más allá del mar y más allá del cielo.

Ni siquiera los patriarcas, los más viejos, los que originalmente desembarcaron en la isla, que todavía viven, saben cómo llegaron ni qué están haciendo allí. Eran apenas lactantes y no tienen recuerdos de aquellos momentos.



LA TEORÍA DEL EXPLORADOR (Capítulo 2 de 2) 

Al morir el último de los patriarcas, las teorías se vuelven cada vez más imaginativas.

"Venimos del círculo de luz en el cielo", dice este. 

"Hemos estado aquí desde siempre, y por siempre nos quedaremos aquí", profetiza aquel.

"Hemos salido de lo profundo de las aguas", aventura el de más allá. "He visto un pez que se parece a mi primo".

Pasan los años, los siglos, las fábulas y los mitos, y cierto día nace el Explorador, el primero que decide construir una barca con palmeras y lanzarse al mar.

"Todas las teorías sobre nuestra procedencia me parecen absurdas y alocadas", exclama el Explorador. "Yo averiguaré de dónde venimos".

El Explorador parte rumbo al horizonte. Algunos lo saludan, otros lo vitorean, otros lo lloran, otros lo maldicen.

Semana después, el Explorador arriba a un continente. Luego de arduo trabajo para encontrar un lenguaje común, consigue relatar su historia.

Se envían barcos y aviones a buscar la isla. Se produce el hallazgo. La sociedad isleña se encuentra con la civilización.

Celebración y alegría en todo el mundo. La noticia del día. La historia del siglo.

Los continentales les muestran a los isleños sus avances en tecnología, en comunicación, en medios de transporte. Les explican lo que son el mar y las montañas; la Tierra, el sol y la luna; las estrellas, los planetas y las galaxias.

También les dicen que todas sus creencias son erróneas, que en realidad existe un Dios, y el Big Bang, y Adán y Eva, y la Evolución, y...

Los isleños se asombran, se fascinan por lo que ven y escuchan. Se regocijan en la paz mental de haber develado al fin su origen y su historia.

Y llega el turno de que hable el Explorador. En el idioma recién aprendido, el Explorador dirá sus primeras palabras al mundo. Nadie quiere perderse la transmisión. Todos esperan escuchar al héroe, al hombre del momento, al responsable del hecho que tiene de fiesta al mundo.

"De nada me sirvió la travesía", dice el Explorador. "No he encontrado las respuestas que buscaba. Sólo veo que ustedes tienen exactamente el mismo problema que nosotros. No saben cómo ni cuándo llegaron a este lugar. Ignoran de dónde vienen. No tienen la menor idea de por qué ni para qué están aquí. Si me preguntan a mí, todos en la Tierra, ustedes y nosotros, perfectamente podríamos provenir de una nave interplanetaria que naufragó en el espacio".