jueves, 17 de octubre de 2013

TUS ZONAS MAGICAS Wayne Dyer APLICACIÓN DEL ESQUEMA MENTAL MILAGROSO A TODAS TUS RELACIONES♥


 TUS ZONAS MAGICAS  Wayne Dyer APLICACIÓN DEL ESQUEMA MENTAL MILAGROSO A TODAS TUS RELACIONES♥

Es importante que sepas que la disposición a encontrarte con milagros debe estar situada en tu interior. No puedes esperar a que otros cambien para poder tú descubrir la realidad mágica de las relaciones con propósito. La fuerza y el gozo de las relaciones con propósito empiezan y terminan en tu propio esquema mental.

Cuando leas las pautas que se dan en las siguientes páginas, no estés lleno de dudas acerca de lo que pueda parecerte imposible dada la gente específica que interviene en tu drama vital personal. Se trata de un Juego interior. No es preciso que aquellos que te rodean comprendan o se muestren siquiera de acuerdo, y puede muy bien ocurrir que personas en concreto (que siguen su propio camino) desaparezcan pronto de tu vida en un sentido físico. Yo hablo aquí de tus relaciones con todas las personas de tu vida más que de individuos determinados. Si sabes en tu interior, después de familiarizarte con tu propio viaje espiritual y de hallar tu propósito, que algunas personas no van a seguir compartiendo tu es pacio físico puedes con el mismo propósito y el mismo amor hacer tú la elección. La relación no está ubicada en ellos, sino que es tuya y la experimentas en tu propio yo invisible. Poner fin a una relación en un sentido físico no es un fracaso, del mismo modo que la muerte de alguien tampoco representa un fracaso aunque, por supuesto, pone fin a la relación física.

Yo hablo aquí de ti. De un «tú» que merece ser tratado con dignidad y respeto, porque es de eso de lo que estás hecho y eso es lo que das. Aquellos que todavía no entiendan esto se alejarán de tu vida física, y te será fácil permitirlo de ser ello necesario. La duración de las relaciones materiales no figura en mi agenda para este libro. Eso debe determinarlo cada alma en particular, y yo no juzgo el hecho de que se elija alejarse cuando llegue el momento. Dejarás atrás a muchos en un sentido físico. Esto no te convierte ni a ti ni a ellos en un fracaso; lo que ha terminado es la relación en sí, no la persona. De hecho, de una manera divina y grandiosa, dejarás atrás en última instancia todas tus relaciones físicas.

Pero el alma nunca se va. El alma no se halla en la dimensión material. Habrá muchos con quienes permanezcas en estrecho contacto físico y con quienes decidas crear relaciones espirituales. Así sea. Los individuos entrarán y saldrán de tu vida al modo en que lo hacen los personajes de una obra teatral. Algunos desempeñarán papeles de poca importancia y otros tendrán papeles estelares durante un tiempo, y otros te ayudarán en la codirección y coproducción de tu vida. Serán siempre importantes para el conjunto de la obra y merecerán siempre tu amor interior. Aprenderás a no juzgar a aquellos que entran y salen de tu obra a fin de honrar su aparición, aun cuando representen mal sus papeles.

En última instancia, llegarás al lugar desde donde podrás mirar atrás, ver a todas las personas que han figurado en tu vida y darte cuenta de que los encontraste porque tenían todos algo que enseñarte. Aprenderás
a amarlos a todos, aun a aquellos cuya lección no hayas podido todavía comprender.

Con esto en mente, libérate de cualquier duda acuciante acerca del peso específico de tus relaciones. Sigue adelante, dejando atrás nombres y rostros, has ta ese lugar de realidad mágica donde no hay nombres, ni rostros, ni números de la seguridad social.

 Afirma tu capacidad pa ra crear relaciones felices y gratificantes.

Es ésta tu obra más importante. Sabe dentro de ti que si hay alguien capaz de ser feliz y de sentirse satisfecho con sus relaciones, esta capacidad está también a tu alcance. Despréndete de la duda que te hace pensar que no puedes hacerlo o conseguirlo debido a los demás. No tiene nada que ver con los demás, es algo que está totalmente ubicado en ti. La eliminación de la duda es un ejercicio que puedes practicar todos y cada uno de los días. Afirma en voz alta que tienes derecho a ser feliz con todas las personas que haya en tu vida. Cuando asome la duda, lo cual ocurrirá, recuérdate que has sido hipnotizado para que creyeras en la imposibilidad de esta dicha. Despréndete de la duda mediante imágenes mentales que indiquen tu disposición a crear relaciones mágicas y gratificantes.

 Una vez eliminada la duda, entra en tu zona de realidad mágica .

Dentro de tu mente y sólo en ella está el rincón de libertad en el que puedes pensar como gustes. Piensa en imágenes de felicidad y satisfacción en tu relación con los demás. Ve cómo prodigas amor aun frente a la ira, a la envidia o al desagrado. Practica la representación de imágenes positivas, por una hora al principio. Piensa en la persona con quien tienes más problemas de relación. Quizá se trate de un progenitor anciano y desconsiderado, de un compañero de trabajo totalmente intratable o de un esposo o de una esposa tiránico. Ahora, sólo mentalmente, supera tu inclinación a responder con ira y hostilidad. Imagínate prodigando amor y no prestes la menor atención al modo en que responde la otra persona. Recuerda que no haces esto pensando en lo que vas a recibir. En una relación mágica, cada persona elimina sus deseos y da de sí misma a partir del sentido de propósito. Esta práctica mental pasará en última instancia a ser tu realidad en el mundo físico. Pero hay que empezar por un esfuerzo disciplinado por pensar a un nivel mágico. El universo te proporcionará cuanto puedas necesitar.

 Acepta las posibilidades ilimitadas de tus relaciones.

Tus pensamientos, tu alma, carecen de límites. En esa esfera, tus relaciones existen sin límites. Debes ahora dejar de mirar hacia afuera, a todas las personas a quienes echabas la culpa de tus malas relaciones, y afirmar que tú no tienes la culpa y que, en consecuencia, no hay limitación a lo que puedes experimentar por ti mismo. Aquel fulgor cuya presencia sentiste en tus relaciones, quizá cuando eras un adolescente lleno de inquietud, era creado por tus pensamientos, no por tus hormonas ni por las hormonas de otra persona. Sepas en tu interior que las únicas limitaciones que tienes en cuanto a la creación de relaciones mágicas son las que te has impuesto tú mismo. Has enseñado a todos los demás cómo deseabas ser tratado. Puedes iniciar ahora una nueva escuela, cuyo plan de estudios consiste en el amor y el respeto. Eso es todo cuanto estudias y compartes y todo cuanto vas a permitir en la clase. Ningún límite, nada más que el amor. Ésta es tu misión, que prac ticas en tu clase y viendo la plenitud de Dios en todos cuantos te encuentras. Si te encuentras con alguien cuya alma no tiene un propósito similar al tuyo, le darás amor y seguirás adelante, confiado y sabedor de que aparecerán las almas hermanas que se encontrarán contigo en la misma frecuencia en la que tú emites. Es éste un camino muy personal, un viaje de realidad mágica y milagros, y a ti te corresponde tener en tu interior el conocimiento de que puedes lograrlo todos y cada uno de los días.

 Practica la confianza en tu intuición, esa voz interior e invisible que te guía en todas las cosas, in- cluidas tus relaciones.

Rodéate de personas que te animen a ser todo lo que eres capaz de ser. Sabrás quiénes son esas personas. Si presientes que alguien no desea en realidad tenerte cerca, sigue esta suge- rencia intuitiva. Tu intuición te dirá exactamente lo que necesites saber en cuanto a información acerca de tus relaciones. No te obligues a ti mismo a hacer que una relación funcione, esto es algo que no se puede forzar. Quizá consigas mantener cierto con tacto físico, pero, si tu intuición te dice que no es ni el momento adecuado ni la persona adecuada, dale cordialmente tu amor y sigue adelante. Son muchos los compañeros del alma, masculinos y femeninos, que formarán relaciones espirituales contigo. No existen los accidentes, estos indivi duos se presentarán en el momento preciso. Has aprendido de las relaciones unilaterales cuanto necesitabas saber. Sigue prodigando amor, pero las personas que te rodean deberán tener interés en ayudarte también en tu desarrollo espiritual. Tu intuición te dirá quiénes son estas personas. No las hagas a un lado a menos que desees volver al sufrimiento como modo de aprender las lecciones de la relación. Experimentarás tu dimensión intuitiva en proporción exacta al modo en que la valores. Si la rechazas, no podrás disponer de su ayuda y seguirás aprendiendo las lecciones de la relación a las duras.

 Pide guía en todas tus relaciones entrando en tu interior hasta el secreto que está en el centro y sabe.

Tu guía te dirá que des. Hazlo pródigamente y sin expectativas. Puedes practicar a diario el entrar en tu interior y escuchar, pero has de estar dispuesto a dejar de creer que esto es una «salida» para obtener ayuda. Tus relaciones son lo que tú has creado, y sólo sabiendo en tu interior que tienes el poder de cambiarlas podrás acceder a la guía que precisas. Escoge este mismo día un amigo o conocido con quien relacionarte desde este lugar de conocimiento interior. En lugar de ser el mismo de siempre, dale hoy a esa persona exactamente lo que crees necesita basándote en cómo te gustaría que te trataran a ti. Da a esta persona sin pensar en su reacción hacia ti y sin juzgarla. Olvida lo que dice y cómo reacciona. Lo más seguro es que hayas aprendido a evaluar tus acciones basándote en el resultado de estas ac ciones,
que te han enseñado a enfocar de cara a los resultados. Al secreto que está en el centro y sabe no le importan en absoluto los resultados. Es tu Dios interior, el alma generosa y amorosa inmune a los resultados. Prueba a continuación el mismo experimento con un niño. Entra en tu interior y pregúntate: «¿Cómo me gustaba que me trataran las personas mayores cuando yo era niño?». De nuevo, olvida el resultado de tus acciones y escucha tu alma, al secreto que está sentado en el centro y sabe. Dale a ese niño lo que tú, cuando niño, deseabas de los demás. Observa entonces cómo te sientes tú y no cómo reacciona el niño.

Todas tus relaciones tienen su existencia en ese lugar secreto que hay en tu interior. Es la fuente que debes aprender a consultar si deseas vivir la dicha de la realidad mágica en tus relaciones. Cultiva la magia en ese lugar privado e invisible, y luego prodígala. Irrádiala hacia los demás y deja de centrarte en los resultados. Sólo por hoy. Evalúa luego, a tu manera personal, la diferencia que experimentas en relación con esas personas. Éste es el camino hacia los milagros, nunca te fallará. No hay fracaso en el secreto que está centrado en el centro y sabe. ¡Sólo guía y amor!

 Instante a instante, libérate de la duda que te hace pensar que no puedes tener relaciones mágicas.

Afírmate a ti mismo una y otra vez: «Sé que puedo tener unas relaciones dichosas». Luego, cuando estés a punto de caer en una actitud negativa haz a un lado tu modo normal de relacionarte y pasa revista mentalmente, con rapidez, a lo que deseas de esa relación. Una momentánea reflexión acerca del modo en que deseas relacionarte con esa persona te dará la oportunidad de prodigar amor o de quedarte sentado tranquilamente y en silencio en lugar de ponerte agresivo. A esto se lo llama aprender a través del conocimiento y no a través del sufrimiento o la duda. Cuando logres dentro de ti un conocimiento silencioso, ac - tuarás en consecuencia. Cuando dudes de tu capacidad, prodiga amor o afecto y eliminarás la duda.

 Pasa de un matrimonio humano a un matrimonio espiritual.

Esto podrás lograrlo decidiendo qué es lo que deseas de tu relación matrimonial. Joel Goldsmith, que ha contribuido con brillantez a la metafísica y autor de The Infinite Way, pronunció estas palabras después de una ceremonia de boda el 18 de noviembre de 1959: Un individuo sigue siendo un individuo, no sólo desde el nacimiento hasta la muerte sino, en realidad, desde mucho antes del nacimiento hasta muchí simo después de la muerte... jamás perdemos nues tra individualidad ni nuestra unidad... Cada uno de nosotros es un ser individual y cada uno de nosotros tiene cualidades individuales, cada uno de nosotros tiene talentos y dones individuales a los que no debe renunciarse en el matrimonio. Por lo tanto, en un matrimonio espiritual no hay ataduras sino libertad, pero no puede decirse lo mismo del matrimonio humano. Sí es cierto en el caso del matrimonio espiritual, donde ambos aceptan dejar uno al otro en libertad al casarse. Esto es lo único que he descubierto en treinta años de realizar esta labor, que hace posibles cosas tales como son los matrimonios felices, los matrimonios apacibles y los matrimonios logrados; la capacidad de dejar al otro en libertad y vivir cada uno su propia vida individual y, sin embargo, compartir con el otro sin exigir... ni el marido ni la esposa tienen derechos; tienen sólo el privi legio de dar, pero
no el derecho a exigir nada el uno del otro.

Es éste un maravilloso mensaje para la creación de una relación espiritual a partir de lo que habría podido constituir un matrimonio humano en el que un compañero estuviera atado al otro. Vive este credo y conocerás
los milagros en un matrimonio espiritual. Hazle caso omiso y estarás levantando enormes barreras a tu dicha.

 Pasa de los deseos a las intenciones en tus re laciones.

Esto se logra fácilmente afirmando de manera específica qué tipo de relación se piensa crear y cómo piensa comportarse la persona. Un punto importante a recordar es que no se puede pretender que otra persona actúe de acuerdo con nuestros deseos. Esto no trae consigo más que frustración. Si bien podemos decidir ayudar a alguien a cambiar, esto sólo es posible cuando «el alumno está preparado». No podemos obligar a nadie a que esté preparado, pero sí podemos hacernos responsables de nuestra preparación. Esto cabe dentro de nuestro poder y es lo que constituye nuestras intenciones. Está dispuesto a dar lo que sea preciso, hazlo con una intención activa y luego olvídate del resultado. Tus acciones fluirán a partir de esta intención y verás que estás mucho más en paz con tus relaciones, sea cual fuere el funcionamiento de éstas en el mundo físico.
Tu intención de tener una relación dichosa exige de ti que actúes de una manera consecuente con esa intención. Es éste el secreto para hacer que tus relaciones sean mágicas. Si bien no puedes tener una intención que sustituya a la de los demás, verás a menudo que sus reacciones a este nuevo «tú» tienen como consecuencia un cambio de conducta por su parte. Por ejemplo, he conocido a muchas personas que forman parte de un «matrimonio humano» con un compañero o compañera adicto a sus tancias tóxicas. Aborrecen el uso de alcohol o de drogas y la relación los exaspera. Siempre les aconsejo que no pretendan que la otra persona deje de beber y que tengan en cambio fuertes intenciones en cuanto al modo en que van a seguir tratando al cónyuge adicto. «Voy a darle amor, pero voy a apartarme físicamente de su presencia porque soy demasiado divino e importante como para ser objeto de ofensa.» «Voy a enseñarle, con mi conducta y no con mis palabras, que no estoy dispuesto a ser su víctima por más tiempo, y ello a partir de ahora mismo.»

«Ofreceré mi ayuda en el momento en que el otro esté dispuesto. No me pronunciaré acerca de él o de su decisión de autodestruirse, p ero lo más positivo que puedo hacer es no seguir reforzando su conducta adictiva. Quiero que sepa que no estoy atado a él y que voy a vivir mi propia vida con un propósito en lugar de ser un esclavo emocional de su conducta.» Este tipo de afirmaciones de amor harán más por ayudar a las personas necesitadas que permanecer cerca de ellas deseando que cambien de conducta o que vean algún día la luz. Estás aquí para servir y amar, pero esto no significa que debas ser un sirviente. No olvides las palabras de Abraham Maslow: «No existe el esclavo adaptado». Prodiga amor y deja que aquellos que siguen dañándose a sí mismos y dañándote a ti se dañen a sí mismos si ése es su deseo, pero te dejen a ti al margen. Esto hará más por enseñarles lo que esperas de una relación espiritual que cualquier medida de consejo o intervención que puedas ofrecer. La gran paradoja está en el hecho de que es precisamente este tipo de golpe, que resulta de tu intención de dejar de ser una víctima, lo que suele ayudar a esos adictos a cambiar sus intenciones, pasando de la autodestrucción al autorrespeto y, en consecuencia, a una relación más afectiva, digna y espiritual. Tus intenciones crean tu realidad, sé pues consciente de ellas y está dispuesto a ponerlas en práctica en tu mundo hoy.

 Recuerda que las relaciones pacíficas y afectuosas proceden en primer lugar y primordialmente de tu estado mental.

Tú mandas en tu mente y creas todo cuanto reside en tí. Una vez estés en posesión de este conocimiento, podrás entregarte y simplemente dejar atrás el conflicto existente en cualquiera de tus relaciones. Porque el conflicto no puede sobrevivir sin nuestra participación. Tu decisión de no participar en el conflicto puede venir en un momento transformador. No exige años y años de lucha. El satori está a tu alcance en este preciso instante. El despertar instantáneo es un fenómeno prodigioso. Puedes atravesar ahora mismo la puerta y entrar en ese jardín de las delicias en todas tus relaciones. Si otros en tu vida deciden seguir adelante de una manera conflictiva y desafiante, limítate a
«pasar» cuando la angustia llegue a ti: «No, gracias -dirás para tus adentros -. He decidido no seguir envuelto en ese manto de negatividad. A menos que lo que me encuentre sea amor, no permitiré que entre en mi conciencia». De manera milagrosa, acabas de experimentar el satori. Has creado un milagro con sólo cambiar de idea.

 Utiliza el poder de la imaginación para manifestar realidad mágica en tus relaciones.

Sin olvidar que aquello que piensas se refleja, intenta imaginar todas tus relaciones importantes como si existieran ya en la manera en que quieres que sean en tu vida. Después de una reciente charla en Oklahoma City, observé a una mujer con lágrimas en los ojos que aguardaba para hablar conmigo. Cuando las otras personas se hubieron marchado, me echó los brazos al cuello y dijo: «Gracias, gracias, lo que usted dice funciona de verdad». Me contó que su hija se había negado a dirigirle la palabra durante más de siete años, que se había negado a tener el menor contacto con ella. Aproximadamente un año antes, esta mujer decidió empezar a imaginar que ella y su hija no sólo volvían a hablarse sino que disfrutaban de la relación afectiva que había existido en otro tiempo. Se negó mentalmente a verlo de otro modo y, durante todo un año, trabajó esta visión. Empezó realmente a vivir cada día como si ésta fuera la realidad física de su relación.
Me describió cómo había pasado a ser más feliz gracias a esta imagen interior que llevaba consigo. Meditaba su imagen y empezó a sonreír y a vivir sin el sufrimiento que la venía destrozando desde hacía seis años.
Un día, alguien envió a su hija un ejemplar de un reciente libro mío, La fuerza de creer, con una nota en la que se le recomendaba leyera el capítulo final, que trataba del perdón. Nada más, simplemente el regalo de un libro junto con una nota procedente de una amiga que sabía que la hija estaba también sufriendo. Esto había sido hacía seis meses, y ahora ambas no sólo se habían vuelto a unir sino que tenían una relación más estrecha y afectiva que la que existía antes de su alejamiento.
La madre lloraba de felicidad mientras me decía que había creído en el poder de su mente para crear la realidad física que con tanto desespero deseaba. Actuando primero en su mente y luego en su mundo material como si todo cuanto deseaba existiera ya, creía haber creado un milagro.
Los pensamientos tienen un enorme poder. Los pensamientos mantenidos sin titubeos que reflejan por anticipado lo que deseamos y no exigen un resultado constituyen los ingredientes de la realidad mágica. Pruébalo.

 Presta atención primero a tu yo invisible y espiritual y sólo en segundo lugar a tuyo físico.

Esto requerirá por tu parte un giro espectacular, un giro completo de ciento ochenta grados. El lugar donde tiene lugar el sufrimiento no es tu yo invisible, que es una parte sin dimensiones, límites ni forma de tu condición humana. Para sufrir, necesitas un cuerpo que proporcione un lugar a tu sufrimiento. Éste se manifiesta en nudos en el estómago, ojos angus tiados, llorosos e hinchados, dolores causados por úlceras, sequedad de boca, respiración pesada o dificultosa, etcétera.
Date la vuelta a ti mismo, conviértete en un alma con cuerpo en lugar de un cuerpo con alma y representa en tu mente en primer lugar cómo deseas exactamente que te vayan las cosas. Presta una gran y minuciosa atención a estas imágenes. Cons tituirán la fuente de lo que debe representarse en tu cuerpo físico y determinarán el sufrimiento o el estado dichoso de tu cuerpo. Cuando prestes atención en primer lugar a tu alma, escuches y te pongas en contacto con ella, le preguntes cómo quiere ser alimentada y hagas de ello la parte más importante de tus días, verás que te comportas de acuerdo con ese pensamiento positivo, amoroso y generoso que tu alma te anima a mantener. La elección te corresponde siempre a ti, y esa elección está situada de manera estricta en la dimensión invisible de tus pensamientos. Te corresponde a ti en tus relaciones y en todos los aspectos de tu vida. El saludo puede ser «¡Buenos días, Dios mío!» o bien «¡Dios mío, es de día!». La diferencia está en el modo en que decidas procesar tu vida.

 Deja de perseguir aquello que no deseas. Si no deseas que haya conflicto y dolor en tus relaciones, no olvides que eres tú quien experimenta el dolor.

Averigua qué es lo que haces para mantener tu angustia. Si lo que ocurre es que provocas discusiones, insistes en que tienes la razón, no das espacio o haces exigencias que sabes que la otra persona no puede satisfacer, ponte a trabajar en tu conducta, que es lo único sobre lo que tienes un control absoluto. No olvides que nunca se tiene bastante de lo que no se desea. Seguirás persiguiendo el dolor y la lucha que aborreces -del mismo modo que el drogadicto o el alcohólico siguen persiguiendo aquello que aborrecen- hasta que tú decidas poner fin al círculo vicioso.
Utiliza cualquier estrategia que precises para liberarte de la necesidad de buscar aquello que aborreces. Decide cerrar la boca si esto es lo que provoca el dolor en tus relaciones. Decide apartarte físicamente de los encuentros potencialmente dolorosos. Reflexiona un momento en silencio antes de reaccionar. Hazte más íntimo y ofrece amor allí donde esto es un gesto desacostumbrado, aun cuando tengas que fingirlo al principio. Hagas lo que hagas, practica primero en tu mente la nueva estrategia. Imagínate comportándote de esta manera distinta, y ello con el fin de poner fin a la trampa neurotizante que cons tituye perseguir aquello que no
se desea en la vida.

 En tu mente privada, invisible y sin límites, no pidas nada de aquellos con quienes tienes una relación.

Éste es uno de los modos más rápidos de crear milagros en todas tus relaciones. Te dirás simplemente a ti mismo «No espero nada porque sé que sólo pueden ser quienes son y no quienes yo creo que deberían ser», y a continuación actuarás en consecuencia.
Cuando en mi relación con mi esposa recuerdo esto, compruebo cómo abandono inmediatamente todos los motivos de conflicto y la relación se vuelve mágica. Intento siempre recordar que ella se halla exactamente en
el lugar adecuado y haciendo precisamente lo que debe hacer en ese momento. Estamos en un universo perfecto, aun cuando yo no pueda comprender por qué no se comportan todos como a mí me parece que deberían comportarse. En cualquier conducta que mi esposa muestre ante mí hay una lección y, en lugar de enfadarme con ella, adopto la actitud de ayudarla a recorrer su camino espiritual y olvidar mis juicios. Sólo cuando elimino mi expectativa de comprender o siquiera estar de acuerdo con muchas de las cosas que hace soy capaz de prodigarle un amor incondicional.
También en el caso de mis hijos puedo guiarlos, ayudarles, enseñarles esperanzadamente lecciones morales y ser el modelo para lo que me gustaría que ellos emularan, pero no puedo esperar que sean como yo creo que deberían ser. Debo aprender a desligarme de mis expectativas en cuanto a los demás si deseo crear relaciones mágicas. Naturalmente, esto no significa que haya que pasar por alto las conductas ultrajantes o violentas, pero sí puedo controlar y controlo la expectativa de que éstas no van a presentars e y el dolor consiguiente que experimento debido a esa expectativa.
También tú puedes librarte de estas expectativas, que, en última instancia, serán obstáculos para tu propia relación mágica. Hay mil maneras de conseguir esto todos y cada uno de los días, prácticamente con cualquier persona que te encuentres. Arrojando lejos los juicios acerca de cómo deben ser los demás creamos en nuestro interior un lugar para el amor allí donde antes juzgábamos. Lo que estás intentado conseguir en tus relaciones y en todas las demás áreas de tu vida es amor incondicional.

 Por último, medita todos los días y utiliza una parte de esta meditación para representarte el modo en que deseas que sean todas tus relaciones.

Imagínate a ti mismo actuando de estas nuevas maneras en relación con todo el mundo y pide ayuda divina a fin de ser una persona generosa, afectuosa y que no juzga. Pasa revista antes al modo en que en tu opinión van a reaccionar los demás ante este nuevo y milagroso tú. Tus meditaciones te darán paz y serenidad, y te proporcionarán respuestas que de otro modo quizá no obtuvieras.
Practica las nuevas estrategias que veas aparecer en la pantalla interior de tus meditaciones. Puedes centrarte en un ser divinamente espiritual que aparece en toda su santidad y perfección en tu mente y preguntar literalmente a ese ser qué puedes hacer para conseguir que tus relaciones sean mágicas y perfectas. Verás cómo recibes una guía motivada por el amor y por todo aquello de lo que he hablado en este capítulo.
No hay límites a lo que puedes crear en tu mente durante tus horas de meditación. Puedes consultar a quien sea, crear su presencia ahí mismo en tu mente y llegar a apoyarte en esa guía cuando lo desees.
Tus meditaciones pasarán a ser para ti una forma muy especial de ayuda. Acude a ellas a menudo e invita a tu compañero o compañera a meditar también contigo. Nunca te llevarán por el mal camino. Tu yo superior, la presencia divina que siempre te acompaña, tiene un propósito y te guiará en la dirección que buscas una vez elimines la duda y establezcas contacto.
Muchas cosas de las que has leído aquí quizá te resulten difíciles al principio, ya que todos nos sentimos más cómodos en la evaluación de la calidad de las relaciones centrándonos en los demás. ¡Si ellos cambiaran
(así solemos pensar), nuestra relación sería perfecta! Se ha puesto aquí énfasis en tu espiritualidad y en tu disposición a imaginar y crear relaciones perfectamente afectuosas, generosas y mágicas.

La siguiente descripción que hace Thomas Crum en The Magic of Conflict sirve de resumen adecuado sobre este tema:" Las relaciones poderosas son aquellas en que dos individuos centrados se comprometen a amarse in- condicionalmente y a apoyarse mutuamente en el crecimiento hacia su pleno potencial. Ambos dan abiertamente, sin motivos egoístas y sin el deseo de encerrar la relación en una forma determinada. No hay límites cuando nos abrazamos plenamente."

Efectivamente, las fronteras desaparecen cuando nos comprometemos con los milagros. Y, sin fronteras, no hay límites que impongan hasta dónde se puede llegar en nuestras relaciones. Es ésta una des cripción muy adecuada para la comprensión de la pareja espiritual de la que he hablado en este capítulo.
Ésta puede ser tu elección.

Si deseas ver esta relación en su estado más natural la próxima vez que veas a una madre amamantar a su hijo, sabe que en ese ejemplo tienes todos los ingredientes. Yo he permanecido en silencio y sin salir de mi asombro observando cómo mi esposa daba incondicionalmente de sí misma a cada uno de nuestros bebés. Una madre no recibe lecciones de ningún maestro humano sobre cómo ser madre, sabe en el fondo de su corazón lo que hace falta para conseguir esa relación perfecta y milagrosa. Da de manera incondicional de su propio cuerpo a fin de que el niño pueda vivir, y no pide nada a cambio. Está totalmente conectada al niño en
un plano invisible y maravillada ante el pequeño milagro que se aferra a su seno. Sabe en su interior que esto es exactamente lo que debe hacer: dar sin expec tativa alguna. Está dispuesta a aceptar lo peor del niño y a dar y responder sólo con amor y cariño. Deja a un lado las inconveniencias y los problemas y no ofrece más que amor. Tiene un propósito, y porque las madres viven con un propósito sobrevivi mos nosotros como seres humanos. Sin el amor incondicional que las madres sienten por sus pequeños, pereceríamos todos a los pocos días por falta de atención.

Dios nos ha dado el modelo perfecto de cómo relacionarnos desde nuestros primerísimos instantes fuera del útero. No dar más que amor. Prodiga amor, aun cuando a ti se te prodiguen pañales empapados, llantos incesantes, eruptos, arcadas, noches de insomnio y conducta irracional. No pidas nada a cambio de tu amor. Ten un propósito. Y lo irónico del caso es que, indudablemente, tú darías la vida por esa pequeña persona. Así
de importantes son para ti tus hijos. Aun cuando no pides nada de ellos, te dan la mayor dicha que es posible alcanzar.

Ése es tu modelo, puedes crear esas mismas relaciones mágicas y perfectas en todas las áreas de tu mundo con sólo seguir la conciencia intuitiva natural presente en cada célula de tu ser.