sábado, 19 de octubre de 2013

POLARIDAD Y UNIDAD


POLARIDAD Y UNIDAD

Al decir Yo, el ser humano se separa de todo lo que percibe como ajeno al yo: el Tu, y desde ese momento” queda preso de la polaridad.” La conciencia lo escinde todo en parejas de contrarios que nos plantean un conflicto al obligarnos a diferenciar y decidir. Nuestro entendimiento no hace otra cosa que desmenuzar la realidad en pedazos pequeños (análisis) y diferenciar entre ellos (discernimiento). Por ello se dice que sí a una cosa, negando al mismo tiempo su contrario.

Mas allá de la polaridad en la que nosotros como individuos, nos encontramos inmersos, está la unidad, “ el Uno que todo lo abarca y en que los contrarios se aúnan”. La Unidad-Todo está en reposo permanente, es el Ser puro, sin forma ni actividad. Desde el punto de vista de nuestra conciencia bipolar, la unidad se aparece como la Nada. A esa unidad podemos referirnos, pero no podemos imaginarla.

Observemos las leyes de la polaridad en un ejemplo concreto como la respiración, que da al ser humano la experiencia básica de polaridad: inhalación y exhalación se alternan constante y rítmicamente no es más que la continua alternancia de dos polos. El ritmo es el esquema básico de toda la vida. El que se niega a exhalar el aire no puede volver a inhalar, ello nos indica que una función depende de la otra. Un polo para su existencia depende del otro. Esta absoluta interdependencia de los contrarios nos indica que en fondo de cada polaridad, existe una unidad, que nosotros los humanos no podemos aprehender con nuestra conciencia, incapaz de percepción simultanea.

Las polaridades son entonces, dos aspectos de una misma realidad que nosotros hemos de contemplar sucesivamente. Por lo tanto, la cara de la medalla que veamos en cada momento, dependerá del ángulo en el que nos situemos. La polaridad de nuestra conciencia la experimentamos subjetivamente en dos estados que se distinguen claramente uno del otro: la vigilia y el sueño, estados que nosotros experimentamos como correspondencia interna de la polaridad, externa día-noche de la naturaleza.

Por lo tanto, hablamos corrientemente de un estado de conciencia diurno y otro nocturno, o del lado diurno y el lado nocturno del alma. Íntimamente ligado a esta polaridad está la distinción entre una conciencia superior y un inconsciente. Esta clasificación en superior e inferior corresponde a una percepción espacial simbólica que atribuye al Cielo y a la luz, el estrato superior y a la Tierra y la oscuridad el estrato inferior del espacio. La conciencia humana tiene su expresión física en el cerebro, atribuyéndose a la corteza cerebral, la facultad específicamente humana del discernimiento y el juicio.

La polaridad de la conciencia se refleja claramente en la anatomía misma del cerebro. Como se sabe, se compone de dos hemisferio unidos por el llamado cuerpo calloso. El hemisferio izquierdo podría denominarse “hemisferio verbal”, pues es el encargado de la lógica y la estructura del lenguaje, de la lectura y de la escritura; del cálculo, la numeración y la noción del tiempo. En el derecho, se localizan todas las facultades opuestas: permite la visión de conjunto de ideas, funciones y estructuras complejas.

La ventaja que nos brinda la polaridad es la facultad de discernimiento, su meta es superar la condición de incompletud determinada por el tiempo, y volver a estar completa, es decir “sana”. Todo camino de curación, lleva de la polaridad a la unidad. Sin embargo, la polaridad de nuestra conciencia nos coloca constantemente ante dos posibilidades de acción y nos obliga a decidir; en cada acción, siempre queda irrealizada la posibilidad de la contraria, el tormento de la elección nos persigue contantemente, no podemos eludir la decisión, ya que “ no hacer nada”, es también una decisión.

Lo único que nos salva del dilema es darnos cuenta que dentro de la polaridad no existe ni el bien ni el mal absoluto, cada valoración es siempre subjetiva y requiere un marco de referencia, también subjetivo. Cada valoración depende del punto de vista del observador y por lo tanto referida a él “es siempre correcta”. Para reconocer y asumir el orden, el observador debe “estar en orden”.

La polaridad impide la unidad, pero el tiempo la restablece automáticamente, ya que cada polo es “compensado” al ser sucedido por el polo opuesto. Así como la exhalación impone una inhalación y la vigilia sucede al sueño y viceversa, “cada realización de un polo exige la manifestación del polo opuesto”. El principio complementario hace que el equilibrio se mantenga.

“Quien combate cualquiera de los dos polos de este universo, combate el todo, porque cada parte contiene el todo”.


Extractado de : “La enfermedad como Camino”- T. Dethlefsen y R. Dahlke